El día que conocí la necesidad de Pedirle a Dios

  Dormir




Una de las cosas que más afectó el desarrollo de mi hijo con Autismo, además de su trastorno sensorial, fue su trastorno del sueño. Nacho dormía muy poco. Cuando era más chiquito le agarraba sueño a partir de las 19 hs y muchas veces a las 20 ya se nos dormía. A la una o dos de la madrugada ya estaba listo para seguir de aventura.Sumado a mi propio trastorno del sueño el cual nunca fue reparador, la vida se hacía un combo bastante entretenido.
Una vez pasamos exactamente 4 meses sin dormir por más de dos horas seguidas. Si bien yo siempre le temí a la medicación esa vez aceptamos las recomendaciones del neurólogo e intentamos darle algo  natural que le permitiera descansar a él y a nosotros. Nachito era demasiado pequeño a mi parecer para darle un anti-psicótico, la última alternativa que  teníamos, según el médico, asi que yo trataba por todos los medios de evitar caer en ese recurso. Implementamos toda clase de dietas y cosas naturales, rutinas y todo lo que favoreciera al sueño, pero nada funcionaba.
Me preocupaba los días que Cristian después de haber pasado toda la noche mal dormido tenía que subirse al auto y muchas veces tenía que viajar en la ruta largos kilómetros, por su trabajo.Lo sentía como un peligro latente y constante que un día se quedara dormido manejando. Pero por suerte el padre era tan hiperactivo como el hijo y siempre tenía pilas extra para todo.
En cambio a mí sí me afectaba de una manera más evidente. Muchas veces naturalizaba cosas que no estaban bien y las asumía como si fueran consecuencia de mi falta de capacidad organizativa como ama de casa. No tomaba conciencia que muchas de las consecuencias que teníamos eran por causa de no poder dormir bien. Falta de organización familiar en las cosas cotidianas de la vida, como las compras para organizar las comidas, la ropa limpia, la limpieza de la casa, la poca energía que quedaba para estudiar o tener vida social. Lejos estaba de mis posibilidades sentirme saludable como para buscar un trabajo fuera de casa a fin de colaborar con lo económico en la familia. Sinceramente, en esa época sentía que sólo me quedaban fuerzas para sobrevivir.
Ahora a la distancia me doy cuenta que estaba tan sumida en la realidad que estábamos viviendo que el hecho de no dormir era lo normal en nuestros días. El problema estaba que en la medida que los días pasaban, las horas que iba acumulando sin descanso hacía que todo lo viera a través del lente de la supervivencia y no hacía otra cosa que intentar salvar el día, los momentos y a la familia.

Una noche desesperada pensé: tenemos que pedirle a Dios. Si bien como costumbre familiar tenemos que orar cada noche, y de hecho lo hacíamos sin falta,  habíamos naturalizado tanto el hecho de que no dormíamos que no se nos había ocurrido pedirle a Dios que lo ayudara a nuestro hijo a dormir.
Esa noche me sentía confundida y desorientada. En medio de tantos pensamientos confusos e ideas limitantes en cuanto a cómo ayudarlo, pensé cómo no había pensado antes en pedirle a Dios Misericordia, siendo que siempre, toda mi vida había sido una persona de Fe.
Se lo propuse a Cristian y él aceptó. Ya estaba acostado en la cama pero se levantó en un instante y juntos nos arrodillamos a pedirle a Dios que por favor nuestro hijo durmiera. Le pedí que la oración la hiciera él,siempre admiré profundamente desde el día que lo conocí su fe, y confiaba más en la suya que en la mía, aun cuando yo había tenido la inspiración de pedirle a Dios que nos ayudara. Lo hizo, oró, oramos y con todo la humildad de un hijo y el infinito amor de un padre conjugados en la misma persona, puso en palabras el deseo tan anhelado; que nuestro pequeño hijo pudiera descansar y nosotros también.Nos acostamos y al día siguiente cuando abrimos los ojos ya era de día. Eran las 8 y 15 de la mañana. Nacho no sólo había dormido toda la noche por primera vez después de 4 meses sin dormir sino que nosotros nos habíamos quedado dormidos para levantarnos en el horario de salida al trabajo de Cristian. Jamás voy a olvidar esa luz que entraba por la ventana cuando abrí mis ojos. Me parecía increíble y sólo tuvimos que pedir, pedir con fe.

"Los milagros pueden ocurrir si tan sólo le pedimos con fe a Dios..."

Anoche no dormimos casi nada(otra vez, como las viejas épocas). La lluvia y el viento parecía despertar cada vez más a Nacho. Hoy el cuerpo me está pasando factura y me trae viejos recuerdos como éste. Ojalá sólo sea una noche sin dormir y que ésta podamos descansar como lo venimos haciendo desde hace ya un tiempo. Porque después de aquella oración de rodillas, nunca más pasamos tantos días sin dormir. Poco a poco Nacho fue regulando su sueño hasta el punto de hoy dormir más de doce horas seguidas,  como cualquier adolescente.

Ahora estoy terminando de escribir este relato, son las 9:23 de la mañana.Anoche dormimos toda la noche. Esta mañana al sonar el despertador sentí mi cuerpo renovado, algo que por mucho tiempo no experimenté. Esta experiencia límite la vivimos hace a penas unos casi cuatro años. En aquel momento no podía imaginar que hoy yo me estaría levantando en puntitas de pie a las siete de la mañana para no despertarlo a él. A penas hace unos minutos Nachito se levantó de la cama. Yo ya tuve tiempo de leer, tomar unos mates con mi compañero, despedirlo y sentarme a escribir.
No hace mucho tiempo atrás, sólo estaba sobreviviendo y lo único que tenía en mente era poder dormir y descansar lo más que pudiera.Hoy siento esperanza en relación a mi salud física y mi salud mental. Porque cuando podemos dormir, todo se ve diferente, y cuando vivimos con fe...mucho más.


Sabrina Isabel

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